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domingo, 19 de septiembre de 2010

PROGRAMA Nº 27 18/09/10

APERTURA

COMO UN PÁJARO HACIA LA LUZ

Por Osvaldo Santoro

El 29 de octubre de 2005, Marte y nuestro planeta se encontraron a una distancia geocéntrica de 69.422.386 kilómetros.
En Buenos Aires era una noche serena apenas fresca y si bien la luna brillaba con intensidad, paradójicamente, no alcanzaba a opacar la extraña pero agradable sensación de hormigueo en mi estómago..
Recordaba a Ray Bradbury y sus “Crónicas Marcianas”, especialmente cuando se refería a Fobos y Deimos plateando el suelo rojo. O a Olaff Stapledon y su “ Hacedor de Estrellas”, en ese viaje interespacial de la mente. También venían a mi memoria las tragedias de Esquilo, Sófocles y más cerca del mismísimo Shakespeare para el cual el Dios de la guerra Marte era siempre una especie de testigo cruel en su obra.
Mientras la noche avanzaba y la temperatura descendía, creía ver, desde mi letargo trasnochado, los casquetes polares e incluso alguna tormenta de polvo alterando el brillo del albedo. Sabía que mi telescopio no tenía el suficiente alcance para eso, pero la imaginación lo puede todo.
Allí instalado surgió una pregunta que sin respuesta me acompañó toda la observación.
Consistía en saber el verdadero motivo que me mantenía cerca del telescopio hora tras hora mientras mi familia comenzaba con el ritual nocturno del descanso y la temperatura descendía, aunque no lo suficiente como para enfriar mi pasión.
Allí estaba el planeta rojo, atravesando la constelación de Aries, con todo su misterio a cuestas y aquí estaba yo con la pregunta que cada vez se hacía más acuciante.
Y esperé solo en la noche, acompañado por los ladridos de algunos perros trasnochados y los maullidos de algunos gatos entregados al amor.
De pronto de este a oeste un pequeño pajarito a una altura incalculable cruzó la luna. Parecía nadar en un mar de luz. La imagen era francamente cinematográfica. Imaginé una golondrina en tiempo de emigrar, ya que su aleteo me resultaba familiar. Cuando la pequeña imagen negra cruzando la mágica bola blanca desapareció, una suave calma se apoderó de mi corazón.
Sentía que si bien la pregunta no estaba del todo contestada y a lo mejor no lo estaría nunca, una pequeña respuesta había aparecido.
Mientras los ojos comenzaban a pesarme por el sueño, un último pensamiento cruzó por mi cabeza. Anaxágoras, Galileo, Kepler y hasta el mismo Hubble habrían estado mirando el cielo, cada cual a su tiempo, y en lo profundo de sus corazones, seguramente, se resolvía la preciada respuesta: Nos mueve una inconmensurable curiosidad, pero solo la poesía y el misterio por la creación, son los motores necesarios para emprender el vuelo tan difícil hacia el conocimiento. Y tal vez esto sea lo que nos permita aprender, de una vez por todas, el arte de vivir en este planeta tan complejo.
Bienvenidos al 27º programa de “EL TERCER PLANETA” Primer programa de Astronomía y divulgación científica de la Radiofonía Argentina. Y gracias por estar.


LA PELICULA

"La Guerra del Fuego"

Un film de Jean Jacques Annaud. Con Everett McGill, Ron Perlman y elenco. Francia, 1981.
Es la historia de un grupo de hombres y mujeres primitivos en la Europa Paleolítica cuya subsistencia se basa en la posesión del fuego como defensa contra los grandes depredadores que los asechaban y contra otros clanes enemigos. La pérdida accidental de éste, provoca una gran conmoción y se elige a tres guerreros para ir a buscarlo a tierras extrañas. Una película que nos muestra tal y como somos en nuestros instintos más profundos; el odio, el dolor, el engaño, pero también el altruismo, la solidaridad y un sentimiento que nace por aquel entonces: el amor.
Una película para entendernos a nosotros mismos sin escuchar una sola palabra.




RELATOS CON VALOR AGREGADO

"Pionner 10 y 11" El Final

Su máxima aproximación a Júpiter (el 4 de diciembre de 1974) la acercó a 34.000 km de la capa superior de nubes del gigante gaseoso, para asomarse luego a menos de 21.000 km de la atmósfera superior del planeta anillado.
La nave operó con un transmisor de repuesto desde el principio; los instrumentos científicos a bordo tuvieron que comenzar a compartir el suministro de energía utilizándolo de a uno a partir de febrero de 1985: la pila de plata-cadmio que alimentaba a la nave no producía ya potencia suficiente para todos. Si bien la mayoría de las sondas utilizan paneles solares para obtener su energía, es obvio que ese sistema no serviría en el espacio profundo, muy lejos del Sol. Por ello se las dotó de pequeñas pilas metálicas. Además, las Pioneer llevaban como fuentes principales de energía cuatro SNAP-19 cada uno. Se trata generadores a radioisótopos termonucleares, pequeñas pilas atómicas de excelente rendimiento que estaban ubicadas en los extremos de tres brazos radiales (separados por 120°), que las mantenían a 3 metros del cuerpo principal de la nave.
El 30 de septiembre de 1995 la P11 se quedó sin instrumentos científicos y dejó de transmitir sus datos de telemetría (como venía haciendo diariamente desde hacía más de 22 años), porque se quedó sin energía suficiente. A fines de 1995, la nave se encontraba a 44,7 UA de nosotros, alejándose del Sistema Solar a una velocidad de 2,5 UA/año. El 31 de marzo de 1997, cuando hacía ya casi veinticuatro años que la Pioneer 11 viajaba hacia el espacio interestelar, las operaciones de escucha y seguimiento, así como el procesamiento e interpretación de sus datos, fueron canceladas por la administración Clinton debido a razones presupuestarias
La NASA pasó casi 30 años monitoreando las señales de la P10 a través de su Red de Espacio Profundo (Deep Space Network, DSN). Hacia primeros de 2002, la intensidad de su transmisión se había reducido a un murmullo lejano. El 7 de febrero la NASA intentó por última vez un contacto deliberado con la nave, mas no obtuvo respuesta. El día 27 de abril, sin embargo, la esforzada sonda —ya sin energía— volvió a la vida el tiempo suficiente para transmitir un débil farfulleo y luego enmudeció. Esta señal, desplazándose a la velocidad de la luz, necesitó 11 horas y 20 minutos para alcanzar las estaciones de escucha de la DSN, viajando 82 UA (unos 12.300 millones de kilómetros). Fue la última transmisión que contenía datos de telemetría. Luego, nada. ¿Había muerto por fin la mensajera humana a las estrellas, la Pioneer 10? Al menos la NASA había decretado su muerte de facto, puesto que no tenía previsto seguirla escuchando. Pero no. La heroica nave no estaba muerta.
Casi un año más tarde, el 22 de enero de 2003, la DSN detectó un débil, casi inaudible impulso de radio, proveniente del lugar exacto donde debía encontrarse la P10. Este pulso, tan débil que debió ser amplificado millones de veces para tornarse inteligible, no transmitía datos de telemetría, y nunca volvió a repetirse.
Sin embargo, las Pioneer no dejan de asombrarnos, incluso a la distancia a que se encuentran hoy. Lo que sucede es simple pero abismal y sorprendente: sencillamente, ni la Pioneer 10 ni la Pioneer 11 están en los sitios en que deberían. No es que nadie las haya empujado o movido, sino que están cambiando su velocidad de un modo completamente anómalo. Hace unos meses se creía que estaban acelerando; ahora se ha demostrado que en realidad están frenando.
"Es uno de los más intrigantes misterios de la física", afirma el doctor Alexander Hellmans, divulgador físico de la Universidad de Nápoles.
Aunque la así llamada "Anomalía de las Pioneer" (AP) ha cobrado notoriedad recientemente, en realidad ya en 1980 (apenas 8 y 7 años después de los lanzamientos) el astrónomo John Anderson del JPL en Pasadena, se había percatado de ciertos problemas en los datos telemétricos de las dos sondas.
Moviéndose a más de 43.000 kilómetros por hora, ambas sondas se quedan, cada año, 13.000 kilómetros cortas con respecto a sus posiciones previstas según las leyes de la física y ninguna de estas determina este comportamiento.
¿Cuáles son las teorías en boga actualmente? La primer y más obvia es que algo en las naves mismas está creando una fuerza de frenado. Ese algo podría ser una pérdida de gas en los detectores de micrometeoritos, por ejemplo, o incluso una fuente de radiación térmica. Otra que la responsable es la materia oscura o diferencias en la velocidad de la luz. Anderson consultó a la máxima autoridad mundial acerca de la Anomalía Pioneer: el físico teórico Michael Martin Nieto, según este, es necesario determinar con precisión la dirección de la fuerza de frenado. Si la fuerza apunta al Sol, entonces se trata de un simple efecto gravitacional. Si apunta a la Tierra, estará relacionada con un cambio en la velocidad de la luz. Si se descubre que apunta en la dirección del avance de las naves, es un efecto de la inercia o un problema de fricción. Por último, si apunta en la dirección del eje de rotación de las "tortas", se trata de un efecto generado por las propias naves. Por supuesto que lo más difícil de todo será, precisamente, establecer la dirección de la misteriosa fuerza de frenado. Para ello, habrá que revisar toda la telemetría de las sondas desde su lanzamiento hasta sus últimas transmisiones, es decir, todos los datos, uno por uno, recolectados durante más de tres décadas. La mejor candidata para ello es la P11, en especial en el trayecto que recorrió entre Júpiter y Saturno. En esos momentos la nave se desplazaba en una dirección prácticamente perpendicular al plano de la eclíptica (el plano "horizontal" en el que giran casi todos los planetas). En ese vuelo "hacia arriba", cualquier fuerza que haya operado en dirección al Sol o la Tierra tiene que haberse evidenciado en obvios desplazamientos laterales de la Pioneer 11. Y, por supuesto, tiene que haber quedado registrada en la telemetría. Si los dos físicos llegan a demostrar que la fuerza apunta hacia el Sol, entonces, como hemos explicado, la razón será que existe una desviación de la mecánica newtoniana clásica. Puede que la materia oscura esté detrás de la AP, después de todo. Otras alternativas, son que la gravedad tenga una fuerza componente adicional que sólo comienza a operar a través de grandes distancias. Nieto piensa que la explicación al misterio de las Pioneer se encontrará finalmente en un efecto común, como por ejemplo una fuente de calor a bordo de las naves. Si la anomalía de las Pionner depende de un error de Newton, de Einstein o de cualquier otro teórico previo, tendría que evidenciarse también una "Anomalía de las Voyager" , que ya están tan lejos de nosotros como las Pioneer. Y esto no se ha verificado hasta ahora. Por lo tanto, el mero sentido común indica que hay que buscar la causa en el interior de las Pioneer, y dejar las constantes y teorías en paz.
La Pioneer 10 va hacia Aldebarán, alfa de la constelación de tauro, donde se la espera en unos... dos millones de años.
En palabras de un vocero de la NASA, ni siquiera entonces será el fin de la P10: "Ella seguirá viajando cuando el Sistema Solar, y por supuesto, el tercer planeta hayan dejado de existir".

OBSERVAR EL CIELO A TRAVES DE LA RADIO

Las posiciones de las lunas de Jupiter desde nuestro punto de observacion, la tierra, no siempre conservan la configuracion real en la cual "IO" es la mas cercana al planeta. Esto obedece a una cuestion de perspectiva, ya que Europa, si bien es la segunda, se encuentra en un punto de su orbita detras o delante de "IO".





EL LIBRO
"La Luz" de Pierre Rousseau

“LA LUZ” de Pierre Rousseau.
Editorial EL ATENEO, 122 págs.

La obra de Rousseau nos muestra un vasto panorama de una forma de energía que desde la antigüedad apasionó al hombre: la Luz. Desde su forma de radioondas de muy baja frecuencia hasta los rayos gama, el autor nos presenta todas y cada una de las características del espectro electromagnético. Los capítulos dedicados a los objetos astronómicos emisores de distintas clases de luz no tienen desperdicio. Un libro de consulta permanente tanto para el estudiante como para las mentes curiosas que deseen saber más sobre la forma de energía más conocida de la Naturaleza.

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